El jefe de la Armada Argentina hizo un fuerte reclamo de inversión en las fuerzas y advirtió por el control de los recursos marítimos


Frente al ministro de Defensa, el teniente general Carlos Presti y la plana mayor de la Marina, el jefe de la Armada Argentina hizo un contundente reclamo este domingo al poder político del país sobre las necesidades de inversión estratégica en equipamiento y personal que enfrenta la fuerza para fortalecer el poder naval nacional, y sostener la vigilancia y la defensa del Atlántico y ríos en los que tiene jurisdicción la fuerza.

El almirante Juan Carlos Romay dirigió su mensaje quirúrgicamente elaborado ante los invitados a la Base de Puerto Belgrano. Además de Presti, como máxima autoridad, estuvo el canciller Pablo Quirno, además de jueces, diputados y senadores de la Nación. También el jefe del Ejército,Oscar Santiago Zarich, pero no así el jefe de la Fuerza Aérea, Gustavo Valverde, salpicado ahora por serias irregularidades en la compra de un avión, cuya información publicó Clarín este domingo.

En su discurso por el Día Nacional de la Armada Argentina, el jefe de la institución remarcó que el mar es clave para la soberanía, la economía y la seguridad nacional, ya que más del 90% del comercio exterior argentino se realiza por vía marítima.

En ese sentido, advirtió sobre la necesidad de adquirir equipamiento y tecnología ante la creciente tensión internacional —desde el Golfo Pérsico hasta el Mar Rojo— que demuestra la vulnerabilidad de las rutas marítimas globales y el impacto que eso puede tener en la Argentina.

“La vida y la grandeza de la República Argentina dependen principalmente de su intercambio comercial”, señaló en un tramo y remarcó la necesidad de tener una “conciencia marítima” para el control de los 4.700 kilómetros del litoral nacional, en los que se extiende la Zona Económica Exclusiva de casi un millón de kilómetros cuadrados y una proyección frente a la Antártida frente a la cual navegan cantidad de buques extranjeros. “Sin estrategia, sin inversión y sin conciencia ciudadana, esa riqueza se pierde”, advirtió.

Aunque sin nombrar a la dirigencia pasada y presente, el discurso de Romay contenía un claro pedido para que se empiecen a revertir las graves carencias de la Armada en materia de buques, helicópteros y submarinos. De hecho, desde el hundimiento del ARA San Juan los submarinistas argentinos se capacitan en Perú para que la fuerza no pierda sus capacidades, pero es una instrucción teórica.

Además, reclaman en la fuerza inversión en tecnología en un mundo donde las guerras y conflictos actuales, como la de Rusia en Ucrania y la de Oriente Medio, no ha hecho más que incrementar la industria militar ya sea para el enfrentamiento o la preservación del territorio nacional, como lo buscan hacer incluso vecinos de Argentina como Brasil y Chile.

El presupuesto 2026 del gobierno de Javier Milei estipula una reducción de gastos para actividades operativas de hasta $ 48.000 millones, y ello afecta fuertemente a todas las ramas de las fuerzas armadas.

Romay afirma que la Argentina posee uno de los espacios marítimos más extensos y estratégicos del planeta, pero denuncia que existe una falta histórica de “conciencia marítima”, inversión y presencia estatal sostenida.

El discurso planteó varios pedidos concretos:

El jefe de la Armada Argentina recordó que “el mar se controla estando en el mar” y que la ausencia de presencia naval puede traducirse en pérdida de soberanía sobre recursos estratégicos como pesca, energía e infraestructura offshore. También remarcó que la disputa geopolítica ya no pasa sólo por cantidad de barcos, sino por capacidad tecnológica, control de información y vigilancia permanente.

Durante el discurso, hubo tres puntos centrales marcados por Romay, quien llamó a construir una defensa que sea nacional y una tradición de la Armada desde Guillermo Brown -quien con su victoria sobre los realistas el 17 de mayo de 1814 inspiro el Dia de la Fuerza- hasta la Guerra de las Malvinas.

En el primer punto, pidió una inversión previsible y sostenida. “Las Armadas son muy sensibles a la discontinuidad presupuestaria. Un buque sin mantenimiento pierde disponibilidad. Un sistema de armas sin actualización queda obsoleto. Un stock crítico sin reposición deja a la Fuerza sin respuesta. La preparación para escenarios complejos exige estabilidad y planificación de largo plazo”.

Luego llamó a fortalecer la base industrial de Defensa. “En un mundo con sanciones, restricciones tecnológicas y cadenas de suministro inestables, depender demasiado de proveedores externos amplía vulnerabilidades y reduce la libertad de acción. Mantener, reparar y eventualmente producir medios navales en el país no es un lujo: es autonomía estratégica”.

Finalmente, el Romay apuntó a la innovación tecnológica. “La guerra entre Rusia y Ucrania en el dominio marítimo del Mar Negro, y el conflicto en el Golfo Pérsico lo dejaron claro: la superioridad militar ya no depende solo de plataformas complejas, sino de la integración entre sensores, armamentos innovadores, sistemas autónomos, guerra electrónica y protección cibernética. Drones y misiles de precisión pueden producir efectos estratégicos a bajo costo. Las unidades tripuladas siguen siendo insustituibles, pero deben operar integradas con medios no tripulados y con un comando y control robusto”, concluyó.

Fuente: www.clarin.com

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